dina posada, el salvador
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FUEGO SOBRE EL MADERO
Después de romper el áspero castrante hostil cerrojo de las ataduras apuñalé al pecado cayendo agónicas mis trabas y mis culpas
Dejé de pedir permiso para vivir
Disponiendo conocerte abrí tus brazos en cruz —cristo de mis pasiones— y hundí el sabor de mi presencia en tus pies en tu cuello en la blanca playa de tu espalda
Recorriéndote fui creciendo hoja de tu rama rama de tu árbol árbol de tu bosque hoja loca al vaivén de tu tronco elocuente
Empinando a la fiebre mi despertar caminé y rodé en tus cumbres y tu sexo brotó dejando su vasta lluvia en mi rezumante tierra nueva.
envio rui mendes
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Por lobitogabriel - 22 de Julio, 2007, 7:59, Categoría: poesia
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